La realidad invisible, el también denominado TDAH

Cuando los padres notan, sienten y ven que algo le sucede a su hij@, algo no va bien.

Tras muchas preguntas, dudas, idas y venidas del pediatra, hablado con el profesor-tutor, compañeros de clase de su hij@, del psicólogo, psicopedagogo, neuropediatra, y un largo etcétera de profesionales… alguno les indica que su hijo puede que sea TDAH.

Eso cae como un cubo de agua fría, ya que siempre se tiene, aunque sea la mínima esperanza de que sea una etapa pasajera, sean imaginaciones mías como padre… pero no, es TDAH, y es cuando surgen una infinidad de preguntas… ¿qué es?, ¿qué significa que mi hij@ lo tenga?¿y ahora qué hacemos?, ¿quién nos puede ayudar y cómo?, y ahora en el colegio todo cambiará?

Son sin duda muchas preguntas, pero debemos tener en cuenta como profesionales, que en situaciones de comunicación de malas noticias; caracterizadas por: elevado estrés, miedo, desinformación, sentirse desorientado, incluso frustrado por la nueva situación que se presenta y que afecta a todo la familia, los sentimientos cambien bruscamente de intensidad, duración y mantenimiento a lo largo del tiempo.

Por ejemplo: Una madre/padre que lleva a su hij@ al pediatra y le indica que últimamente está muy movido, como nervioso, muy activo, que es casi imposible que pare quieto, por lo que le es muy complicado que haga los deberes, no se acuerda de algo que le acaba de decir,… y la verdad es que me tiene preocupada. No sé qué le pasa…

El pediatra, NO debe actuar minimizando los sentimientos de miedo, incomprensión de la madre, ya que de este modo pueden generarse sentimientos de culpa (“lo tendría que haber sabido”, “tenía que haberlo llevado antes al médico”, “es todo culpa mía”), hecho que es contraproducente para el niño, los padres y la posterior intervención y tratamiento.

Mientras que si el profesional explica a la madre y al niñ@ las características que conllevan el diagnóstico, cómo es probable que se sienta, recomendar la información del diagnóstico (de sospecha o definitivo de TDAH) al centro para que tanto los profesores como el psicólogo/psicopedagogo sean sabedores de esta situación y así trabajar conjuntamente.

Este segundo abordaje por parte, en este caso del pediatra, pero puede ser otro profesional, minimiza el riesgo de sentimientos de culpa, miedo, desesperanza,… y facilita al niño la idea de que no es debido ni causado por nadie ni nada de lo que pudiera haber hecho.

Esto explica porqué en situaciones en las que los profesionales de la Salud o la Educación, comunican una noticia impactante, que cambiará el hoy, el mañana y el futuro de esa persona y esa familia,… debemos pensar en ¿cómo nos gustaría a nosotr@s conocer dicha noticia?, ¿qué nos gustaría que nos explicaran y aclararan?… porque al fin y al cabo somos personas tratando personas.

Zoraida Granados

Licenciada en Psicología. Psicopedagoga, Atención alumn@s necesidades educativas especiales. Sexóloga, Terapeuta Parejas. Psicooncóloga, Experta en Emergencias, Desastres y Duelo. Atención integral a personas con enfermedad avanzada y sus familias.

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